Seguido me preguntan esto y decidí contestar oficialmente para todos los interesados en esta nota, que planeo imprimir para traer en mi bolsa como tarjeta de presentación.

Y para contestar tenemos que retroceder un poco en el tiempo, vamos al año en que empecé la universidad. Después de pasar los dos años anteriores buscando activamente mi vocación sin suerte, empecé la carrera de Contador Público. Yo siempre fui buena alumna pero no encontraba nada que verdaderamente me apasionara y esta carrera parecía tener buena salida laboral.

Ahí iba yo todas las mañanas tratando de entender cómo funcionaba la universidad cuando me llaman de la agencia de modelos que tenía en Rosario, Argentina para ver si quería ir a trabajar un mes a Santiago de Chile. La propuesta coincidía con las vacaciones de invierno así que solo perdería 15 días de clases; por eso muy responsablemente me llevé los apuntes y los libros para estudiar lo que iba a perderme y regresar sin atraso a la universidad, pero en ese viaje algo importante iba a pasar.

En el departamento de la agencia de modelos de Chile estábamos quedándonos cuatro chicas, una danesa lindísima que jamás volví a ver, una cordobesa (argentina) también queridísima que supe hace años que estaba conduciendo en un programa de televisión en Córdoba y otra rosarina que acababa de terminar la carrera de Contador Público.

Y recuerdo como si fuera ayer esos momentos en que estábamos sentadas alrededor de la mesa del comedor y la Rosarina desbordante de emoción nos contaba que la habían aceptado para una maestría en España y también en un puesto de trabajo en un banco en Argentina. Y yo la veía tan contenta debatirse entre una opción o la otra que no pude evitar el pensamiento que vino a mi mente de qué aburrido me resultaba todo eso, a lo que inmediatamente me contesté; ¿qué te pasa? Si esto mismo es a lo que puedes aspirar, si te va bien; estudiando tu carrera. Ahí caí en cuenta de que debería emocionarme tanto como a mi amiga y no me parecía en absoluto algo apasionante.

Ahí estaba yo sin rumbo, vocación o inspiración; pensando en qué iba a hacer de mi vida regresando a Rosario. Lo que tenía claro era que no quería seguir estudiando Contabilidad. Y así fue.

Ya de vuelta en Rosario y con una mega crisis existencial, recuerdo muy bien la tarde en que estaba triste (sí el tema de no tener rumbo me afectaba mucho) me llamaron de mi agencia de modelos para contarme de una propuesta de trabajo en México. Y apenas me lo dijeron yo sabía que lo tenía que hacer, la excusa fue que me tomaría 4 meses para pensar en qué estudiar mientras estaba en la Ciudad de México trabajando. Y como por arte de magia -destino- (y la intersección de mi hermana mayor) mis papás me dejaron ir.

Así fue como llegué a México a trabajar por 4 meses la primera vez, pero por 6 la siguiente y desde entonces sigo aquí escribiendo la historia de mi vida en México.

primera seccion
Foto de mi primer estudio fotográfico


One Reply to “¿Cómo llegué a México?”

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